Los medios de comunicación se hacen eco de la
intervención de la española Beatriz Talegón, secretaria general de la Unión
Internacional de Juventudes Socialistas, en un encuentro en Portugal en un hotel de cinco estrellas.
Estamos acostumbrados/as a que en este tipo de
encuentros nunca pase nada, y por tanto, ha llamado la atención que Beatriz
haya hecho unas declaraciones “fuera del guión” que algunos/as defienden que
han de tener estos actos. Pero ella, simplemente se ha limitado a cumplir con
la obligación moral que tiene para con sus representados/as. Actitud esta de la
que puede estar muy orgullosa, porque muy pocos/as lo hacen.
¿Por qué nos sorprende que una representante de un
colectivo que está sufriendo en sus carnes la crisis que ellos/as no han provocado,
proteste y se rebele contra el conformismo? ¿Acaso los/as socialistas debemos
“conformarnos”, mantenernos “estáticos/as” ante los cambios en la sociedad?
¿Debemos claudicar ante la injusticia? ¿Debemos convertirnos en cómplices de un
sistema y unas políticas que están dejando en la cuneta a los colectivos más
débiles? Si la respuesta a estas preguntas es afirmativa, entonces no merecemos
mencionar la palabra socialismo para referirnos a nuestros principios y
valores, porque no lo serán.
Hemos adoptado el modelo estadounidense de
política-espectáculo y los/as dirigentes de los partidos han abandonado la
calle, con especial reproche a las élites de los partidos socialistas, que
practican el socialismo de salón y que deberían aspirar, como históricamente lo hicieron,
a representar “los/as excluidos”, a otorgar a toda la sociedad las mismas
oportunidades, de modo que nadie se quede atrás, que no progrese o no avance
por pertenecer a una determinada familia, con una determinada renta o con un determinado
patrimonio.