miércoles, 10 de octubre de 2012

¿Ciudadano Felipe de Borbón?

 
Hoy, en un nuevo estilo de publicidad y marketing la Casa Real ha colocado al Príncipe Felipe de Borbón en pleno centro madrileño, a pasear a encontrarse cara a cara con los/as ciudadanos/as. La campaña “Príncipe Campechano” lleva tiempo en marcha, pero últimamente se ha acentuado, tras los escándalos protagonizados por su padre y sus cuñados/hermanas.
 
Príncipe apeado de su palacio, construido en aquellos tiempos cuando el ladrillo campaba a sus anchas por España, aquellos tiempos en los que algunos/as dicen que vivíamos por encima de nuestras posibilidades. Príncipe y Princesa (en un discretísimo segundo plano, como manda la tradición) protagonistas y salvadores de la Corona.
 
Probablemente a muchas personas este gesto, del Príncipe campechano y cercano les agrade, les alegre y les convenza de que realmente es tan campechano como su padre. Sorprende notablemente que esa campechanía y ese pisar el suelo que pisan los súbditos de su padre, tenga que ser inmortalizada por los medios de comunicación, restando por tanto, cualquier tinte de“normalidad” que se haya querido dar en este breve paseo.
 
Y es que no debemos equivocarnos, quien hoy paseaba por Madrid rodeado de medios y de curiosos, aún no ha demostrado nada, salvo que sabe desempeñar el papel que se le ha asignado y que está dispuesto a pelear por el puesto que en un futuro le corresponderá. Sabedor como es, que su padre aunque con meteduras de pata, salidas de tono, negocios quizás no transparentes del todo o con “cibercartas” refrendadas por el gobierno de Rajoy y el PP, no renunciará al poder, al menos de forma voluntaria. 
 
No se trata de un ciudadano al uso, dado que por haber nacido en una determinada familia, ha recibido impuesta una posición, un rol y un estatus a los que ha sabido adaptarse y a los que no da muestras de renunciar. Por mucho que se empeñen en hacernos creer que es humano, que es como el resto, no deja de ser una ilusión. Ninguno/a de nosotros/as salimos a la calle escoltados/as por periodistas y guardaespaldas, por tanto, igual igual que nosotros no es.

 Antiguamente se apelaba a la “sangre azul” para diferenciar a esas personas de una élite, de una familia determinada que durante siglos ha regido los destinos de muchas personas a lo largo del Globo. Con el tiempo hemos descubierto que su sangre, como la nuestra es roja, con la salvedad de que, en el afán de la familia por mantener su posición, su sangre enfermó.

 Hoy en pleno siglo XXI podemos concluir que lo único que nos diferencia de esta familia, es que ellos/as tienen una serie de privilegios en todos los ámbitos de la vida, que les ha convertido en intocables. Ninguno/a por más que nos empeñemos, llegaremos a ser como ellos/as, ninguno/a tendremos sus privilegios, porque ninguno/a hemos nacido en esa familia.
 
No podemos negar el mérito que ha tenido esta familia al haber sobrevivido a dos Repúblicas en España, a dos Dictaduras  y una Democracia Parlamentaria durante 34 años. Ahora, en base a la Constitución pactada entre las diferentes fuerzas políticas durante la Transición y refrendada por la ciudadanía en aquella época, Juan Carlos, está legitimado para reinar, sometido a la Soberanía Popular del pueblo que le refrendó junto al resto de la Constitución.
 
Muchos/as nos preguntamos en ocasiones si hoy en día es necesaria la figura de un Monarca como Jefe del Estado o Mando Superior de los Ejércitos. Nos preguntamos si en un país desarrollado, en el que tratamos de que la igualdad prime sobre otros aspectos, es sostenible que una familia continúe heredando privilegios de generación en generación, simplemente porque dos gametos coincidan en el espacio y el tiempo en un determinado momento.
 
Incluso contemplamos con asombro, como una parte importante de la ciudadanía, continúa creyendo que es necesario o que no estorban esos privilegios. Aún en casos tan extremos como los de personas que han pasado de ser ciudadanos/as a víctimas de la crisis y padecen en sus carnes y las de sus hijos/as los abusos de los/as especuladores/as.
 
Y es que en una sociedad adormecida con el chismorreo y el fútbol es muy difícil pararse un momento, apagar el televisor y pensar, pensar aunque sólo sea un momento, en cuanto supone a la ciudadanía mantener esos privilegios o en quién financia muchas de las actividades de algunos/as miembros de la familia. Aún cuando los mismos medios destapan escándalos que suponen un quebrantamiento claro de la confianza depositada a cambio de una conducta ejemplar, muchos/as continúan en su férrea defensa, sin atender a razones o sin preguntarse qué harían si cualquier otro/a representante público cometiese ese quebrantamiento del mandato recibido.
 
Sinceramente espero que algún día, el ciudadano que hoy pasea en plena campaña de marketing por las calles de Madrid, opte a la Jefatura del Estado como candidato en unas elecciones libres, con un programa y un proyecto para España. Y en caso de que saliese elegido democráticamente de unas urnas, me alegraría, a mi republicano convencido, porque significaría que vivo en un país plenamente Democrático donde todos/as los/as ciudadanos/as somos iguales. Mientras nosotros seguiremos siendo ciudadanos/as y Felipe de Borbón seguirá siendo esa persona privilegiada, fruto del azar entre dos gametos.
 
 

1 comentario:

Antón dijo...

Hasta cuando se hacen próximos molestan.