miércoles, 19 de junio de 2013

Los Centinelas Latentes de Franco



En los últimos tiempos, los medios de comunicación que en algún tiempo se dijeron independientes (todos sabemos que no existen medios independientes) se han ido uniendo a un movimiento orquestado por unas determinadas personas, de una determinada ideología, basado en la generalización de los problemas, las corruptelas o los fallos del sistema democrático en España.

De un tiempo a esta parte, ya no buscan, acusan y señalan a los/as culpables de los delitos o los/as corruptos/as; si no que envuelven en la generalidad los desmanes de unos/as pocos/as, contaminado al resto del árbol sano. Está calando hondo el falso argumento de la “casta política” y el “todos son iguales”, infligiendo con ello un daño difícil de reparar y al mismo tiempo, difícil de contrarrestar, si cualquier acción positiva o cambio significativo en los usos, normas y costumbres, permanece enmudecida por esos medios que deberían velar por la información imparcial.
Se me podrá acusar de tratar de matar al mensajero, pero nada más lejos de la realidad, lo que busco y denuncio es que el mensajero también debe cambiar, también debe transformarse para cumplir su papel, sin ser juez y parte.

El problema de estas actuaciones interesadas e intencionadas de los medios lo observamos en la calle. Hoy en día la negación de las Instituciones, de los Partidos Políticos, de los Sindicatos, etc.. es más significativa que nunca. Los medios se están encargando de endulzarnos los oídos con los “culpables” de nuestra situación actual. Tanto de un espectro ideológico como del otro, caen en la generalidad, que no hace sino alimentar más aún la desafección y el fantasma de un cáncer que creíamos olvidado y enterrado en España, el Franquismo sin Franco: Los centinelas latentes de Franco se han activado.

Deténgase el lector un momento, mire a su alrededor, manténgase atento, escuche y apreciará como actualmente vuelven a oírse voces reivindicando el “con Franco vivíamos mejor” el “todos son iguales” o el “hace falta un golpe de timón que mande para casa a todos estos chorizos” y un largo etc.

De nuevo en las redes sociales y en la calle, muchos de aquellos franquistas reconvertidos en demócratas, se quitan la careta y reivindican su totalitaria ideología. Les estamos dejando la puerta abierta para que nuevamente se cuelen en la escena política (en la social ya lo están) amparados por unos argumentos falsos y manipulados intencionadamente o no por los medios.

Hemos llegado al punto en el que ya no necesitan esconderse, ya no tienen que avergonzarse, no tienen que hablar en corrillos, pueden y lo hacen públicamente, aparecen en manifestaciones, se infiltran y las revientan, se camuflan con aficionados al fútbol, en organizaciones religiosas, en los grupos de reivindicación de una escuela privada o privada concertada, en charlas televisadas o radiadas y nadie les dice nada, nadie les recrimina su actitud, nadie les para los pies. Y ellos/as con su ignorancia borreguil repiten incesante y machaconamente sus falsos argumentos, mientras el resto permanece silente.

Alcemos pues la voz, digamos NO, frenémosles los pies, identifiquemos a nuestro alrededor a esas manzanas podridas y no les demos argumentos, rebatamos sus falsedades, ofrezcamos una alternativa democrática, no consumamos sus productos, no entremos en sus negocios, no escuchemos sus homilías, vigilemos sus partidos, hagamos que paguen su desvergüenza totalitaria, con nuestro desprecio y nuestra indiferencia. Sin caer en la violencia o el insulto, pero con acciones y respuestas que pongan de manifiesto nuestro total rechazo a sus ideas.

Debemos ser capaces de mantenernos firmes en la defensa del modelo democrático de convivencia (mejorable, reformable y cambiante, por supuesto, pero DEMOCRÁTICO), capaces de ofrecer una alternativa serena a sus mentiras exacerbadas. Seamos, en definitiva, conscientes de que están ahí, de cuáles pueden ser sus argumentos y sus medios de propaganda, de quiénes les alientan y protegen y quiénes legislan para complacerles, porque no nos estamos jugando el futuro de un determinado partido, si no que nos jugamos la esencia misma de la democracia y el modelo de convivencia que, con todos sus defectos, ha traído progreso social y económico ha nuestro país. No estamos en el final del camino, en el fin en sí mismo de la Democracia, si no que estamos a medio camino de consolidarlo y en ello debemos empeñar nuestros esfuerzos.




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